Carta de Perdón

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Ya no estás. Nunca estuviste. Al menos mis ojos nunca pudieron, ni mis manos,  ningún sentido más que la mente, llegar a tocarte. Esa forma de presentarte, solo como una idea, para mí fue suficiente. Es poderosa la idea. La realidad es tan quebrantable. La idea no puedo quemarla, ni ahogarla. Está ahí, tú estás ahí. Y ya no estás. Nunca estuviste. Parece a veces un mal sueño, pero es verdad. Ahora te escribo, porque no pudieron cortarte en mi mente. No pudieron nunca sacarte de ella. Perdóname te ruego, si en algún cielo te escondes, por no haber podido cuidarte, defenderte, salvarte de la muerte. Nunca pensé que corrías peligro. Me enfoqué tanto en el miedo y la incertidumbre del futuro que no pude ser el papá que necesitaste. Ahora los años pasaron, y aunque tengo aún una vida por delante, siempre he pensado que debo irme contigo. No  puedo cargar valientemente con esta tristeza. No sé la razón. Hubiera preferido que me cortaran en mil pedazos a mí. Habría soportado mejor ese dolor. Pero eso no es lo que quiero decirte hoy. Quiero que sepas que hubiera preferido siempre tenerte aquí conmigo. En este mundo de contrastes. Me habría encantado compartir tus sueños. Ser tu amigo. Lo lamento mucho. Te amo y te amaré por siempre. Lo que debía ser lo mejor de mi vida, fue el pesar más grande. Queriendo siempre inconscientemente apresurarme a encontrarte. Porque sin conocerte te extrañé siempre, y siempre me dolió no tenerte. Sin nombre. Sin una imagen tuya, algún recuerdo. Así salté de día en día en mis días más oscuros buscándote. Quizás buscando salvarte para expiar así mi culpa. Mi escolta de regreso. Ya que al final son las culpas las que nos llevan al lecho de la muerte. Pero si es que viene a buscarme, la muerte, que sea como tu la encontraste. Quizás sin entender que pasaba, soltaste de tajo la vida, y caíste al silencio,  sin pesos. Caíste. Ahí caeré contigo. Y la oscuridad no será inmensa si estamos juntos. Sabrás que si te quiero, que siempre lo hice. Ahí te cuidaré mientras caemos al silencio del vacío. Y no tendrás que sufrir ningún castigo. Estarás conmigo.

Olvidarte es el engaño sádico de mi pena, pues al pasar el tiempo y recordarte se desmorona este pequeño pueblo, se hunden los caminos, se desbordan los ríos, se asesina el alma. Le quita sentido a los días. Y no hay forma de reponerse. No hay nada por restablecer. Todo lo construido es solo ruido, es solo eso. No pasa idea clara por los sesos. Todo es gris o negro o muerto. Antes de tí y luego. Y parece que nadie lo comprende. Ni el de enfrente ni el de atrás. Ni arriba ni abajo ni en medio. No hay remedio. Cada quien porta sus horas de la mejor manera. Y los demás son solo un tema de consuelo si es más grande el duelo del otro que tu duelo. No cabe duda. Al arrancarte de mi lado arrancaron mis ojos también. Desde ahí ya no pude ver. Tropecé una y otra vez hasta quedar sin dientes. Tropecé con la dicha y la felicidad todo el tiempo sin notarlo. No podías verlas ni escucharlas por andar sufriendo. Así quería estar bajo este sol, que no te calentó. Que no te alimentó. Así a la luz desaparecer. Frente a los ojos de todos desaparecer.

No pude encontrar resignación a tu partida. Fue una ruptura al corazón determinante. Desde ese día fue inminente el día en que terminaría de rajarse. Aunque tal vez de un corazón herido nadie es salvado, el mío por tu muerte fue condenado a seguirte. A seguir tu corazoncito que temprano dejó de latir.

Dejo en la tierra suficiente para ser recordado, pues la vida me rodeó de belleza. Quizás no se encuentren razonables motivos para esta historia, porque cada cual maneja su memoria y así su destino. Pero para mí tu idea fue suficiente. Y la abracé fuerte sin soltarla. Aunque en el mundo trataron de convencerme de que al final no importabas. Que quizás ni eras mío. Y que entonces muero por un engaño. Tú siempre me has acompañado, y aunque no fueras eres, y aunque eres nunca fuiste. Que complicada la vida y todos estos caminos. Tan largos recorridos sin llegar a ninguna parte. Por más que llevo la vista adelante, suelo voltear a buscarte de nuevo. No encuentro sosiego. Y empiezo a sentirme cansado. De andar por estos senderos con esa lanza en mi costado. Esa mano terrible debió atravesarla de uno al otro lado, por compasión, debió haber acabado esas duras quejas en mi cabeza, y esa eternidad de azul que me esperaba. Lo he intentado todo. Pero nadie logra alzarme sobre mis ganas. Y es porque me duele tanto. Me dueles en el alma. ¿Cómo puede durar tanto un llanto? No hay mal que dure cien años. Pero hasta mi último día estarás en mí. Y al solo tener tu muerte sin nada de tu vida, es lo que llevaré conmigo. Tu muerte. Esas manos que crueles te hicieron pedazos, también hicieron pedazos lo que yo era. Al no poder salvarte te acompañaré. Y con mis propias manos ayudé a esas crueles a partir todo lo que yo era, y a no dejar rastro de lo que fui. Quizás sea lo que viví.

Ojalá pudiera regresar el tiempo y evitarte venir a encontrar la muerte. Así cambiaría la historia y nada de lo que es sería. Nada de lo caminado contaría. Nada de llanto o al menos no tanto llanto sería. O al menos no penaría, cada vez que te recuerdo e imagino lo que habría sido. Todo una ilusión que no puedo sujetar. Todo una idea que me lleva hasta el ahora, hasta hoy escribiéndote sin lograr por un segundo descansar de este peso en el pecho que ya me tiene sin fe. Ojalá pudiera volar.  Ojalá pudiera volar. Al menos no haría tanto mal como el que hecho está.

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Sólo el amor puede salvar al mundo

Quizás no podamos sentir el hambre que siente el otro, o el frío, la soledad o la tristeza que hay en el corazón de los demás. Podemos pasar nuestra vida aislados del pesar y las necesidades del resto siendo egoístas y buscando sólo sentirnos bien nosotros mismos. Pero no podemos tapar el sol con un dedo. Tarde o temprano esa miseria a la que volteamos la cara nos verá directamente  a los ojos y nos pasará la cuenta. Porque el camino del hombre, aunque  lo camina cada uno,  nos lleva a todos. La meta no es llegar a la luz sólo. De que te sirve si dejas a todos los demás atrás. Entonces en donde está el amor? Que sentido tiene conquistarlo todo sin amor?

Nunca podremos saberlo todo, pero si estamos unidos sabremos más.

Cuando pienso en la injusticia, el odio, la indiferencia de los hombres una tristeza muy profunda se instala en mi pecho y pienso que quizás sea imposible cambiar esa naturaleza y pensar en una humanidad diferente.  Que no hay nada que hacer delante de esta realidad de muerte, engaño, manipulación y guerra. Que así es como somos verdaderamente. Se me parte el alma. Quizás porque por dentro aún quiero creer en un mundo de paz.

A dónde vamos? En qué nos convertiremos con el tiempo? Seremos capaces algún día de perdonarnos por todo lo que hemos hecho y todo lo que hemos dejado que suceda? Con que cara veremos a nuestros niños cuando nos pregunten por el amor? Que frase aprendida repetiremos para explicarlo? A quien citaremos? Por qué no hemos entendido que lo más importante que podemos dar, enseñar y vivir es el amor?

El tiempo no se detiene, y a su vez no se mueve para nada. Nosotros sólo somos un pequeño acto en su chistera.

Es doloroso que la mayor amenaza para la humanidad sea la humanidad misma. Que pasa? Por qué no damos espacio al amor. Por qué lo ahorramos? Por qué lo damos sólo a algunos? Por qué no le damos una oportunidad? Acaso no tenemos suficiente para todos?

Quizás el amor no sea lo único que necesitamos, pero es lo único que puede salvarnos.

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Si no estás naciendo, estás muriendo.

Fue viendo la serie de Netflix, Hannibal, que encontré esta frase que verdaderamente me tocó y me inspiró ha emprender de nuevo. Y es que si no estás naciendo estás muriendo. Claro no se puede nacer muchas veces en una sola vida, pero si puedes nacer en proyectos, en ideas, en sueños y en muchas cosas más. Total, los días si los tenemos contados. Estamos luchando continuamente por sobrevivir, y deseamos dejar alguna marca, huella o algo que pueda demostrar que de una u otra forma estuvimos aquí, que existimos.
No debemos rendirnos nunca. Quién sabe si la próxima cosa que decidamos hacer sea la que nos justifique (no porque lo necesitemos, sino porque es lo que muchas veces buscamos), que revele nuestro propósito.
A veces sentimos que estamos muriendo. Ya sea por alguna enfermedad o alguna tristeza, pero nuestra nuestra mente suele revelarse de esa manera, jugándonos la vuelta y haciendo que nos perdamos en nuestra miseria. Es como ver como algo que se ama se derrumba inevitablemente. Pero creo que está frase puede sernos útiles en momentos como esos. Si algo debe morir y ya no podemos hacer nada para evitarlo, entonces debemos levantar la vista, la frente y empezar a nacer de nuevo. No importa en que. Porque si no estamos naciendo entonces estamos muriendo.
Encotrar una herramienta así es motivo de celebración. Una idea que pueda llevarte de la oscuridad a la luz. Un camino para la voluntad que aveces no encuentra salidas. Y tenía muchas ganas de compartirla con ustedes. Espero que lleve algún destello como lo hizo conmigo.
Entre otras cosas, el espacio multimedia de esta publicación quiero dedicarlo al Campeón, Muhamed Alí, quién fué el boxeador favorito de mi padre, y que finalmente podrá conocerlo en el cielo 🙂
No sabemos cuando será el último golpe que daremos, así que demoslo con todas nuestras fuerzas, quizá deje una marca que no se borre por mucho tiempo…
Gracias Campeón.
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Mis escombros

Poesía para el camino

Diré que mis escombros son de duras batallas
de feroces encuentros con gigantes brutales
de guerras por permanencia, de conquistas.

Diré que mis escombros preservan fantasmas
temidas criaturas de guardar a la sombra
demonios sangrientos, proscritos del alba.

No llamaré jamás a mis ruinas por su nombre
no revelaré a ninguno sus dolorosas causas
Verán, si es que ven, mi ciudad devastada
y pensarán: sepultura de venerables soldados

Solo y en silencio al llegarme el ocaso
contemplaré conmovido este sitio arrasado y
elevando los ojos al indoliente azul cielo
reclamaré al amor por haberme tumbado.

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Me ciñe el alma

Poesía para el camino

¿Cuánto dolor podemos contener?
¿Cuánta distancia podemos sostener?
Que sentimiento tan fuerte me ciñe el alma
la oprime, la seca, la disuelve en lágrima.
Que dulce sentencia de muerte
la puesta del amor y sus beneficios
no tengo mas cartas que jugar,
perdí la apuesta, me retiro.

Ahora extrañarte es derrotero
para llegar al final sin olvidarte
sin olvidar los besos en mi frente
el amor que me donaste.

Que ofensa tan grande fue mi paso
por tu bella vida y sus conjuntos
más me hubiera valido nunca verte mi amor
para no hacerte sufrir tanto.

Pero fue imposible no prenderme
de tu sonrisa y el brillo de tus ojos
de tu libertad y tu buena sangre
de tu verdad mi amor, y de tu carne.

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La despedida

Hablando alguna vez con un alma bella sobre la libertad y sus diferentes interpretaciones, llegabamos a la conclusión de que solo en el desapego se encuentra la libertad. Que cualquier tipo de dependencia anula tu naturaleza al definirte utilizando asociaciones. En resumen, la libertad viene a ser el equivalente a no tener cadenas de ningún tipo. Ni físicas, ni psicológicas, ni espirituales.

Pienso que una buena forma de empezar a liberarnos es también liberar a nuestras asociaciones, a nuestros apegos, a esos objetos de los sentidos a los que nos hemos atado, y a los que ( si son objetos sensibles como un ser humano ) también hemos lastimado. Liberar a esos objetos es liberarnos a nosotros mismos.

Escribí este poema hace ya algún tiempo buscando comunicar lo arriba descrito:

 

La Despedida

Me perdí por completo en vos,

y así valido la palabra que te ata.

Me perdí por completo en vos.

Me perdí por completo en tu mirada.

Me perdí por completo en tus sabores, en tu sonrisa.

En tus sonidos y el olor de tu piel.

Me perdi en tu forma.

Me perdí entre tus piernas.

Me perdí por completo en tus palabras, tus sentencias.

En el deseo de tenerte, de saberte mia.

Me perdí por completo en vos.

Me perdí en castillos en el aire,

en canciones,

en tu abrazo me perdí.

Me perdí en tu nombre como no lo hice nunca.

 

Ahora te libero de mi,

de todo lo que represento:

Te libero de mi voz, para que no despierte tu oido.

Te libero de mi cuerpo para que no despierte el tuyo.

Te libero de mi pasado, de mi presente.

De mi presencia, de mi ausencia.

De este juego que lastima.

Te libero de la mentira, del engaño.

Te libero de tanta risa, de tantos besos.

De sentirte libre conmigo te libero.

De los sueños compartidos, sueños rotos.

Te libero de la pregunta,

de los celos.

De las noches que no pudimos tener juntos.

De mis sombras,

… de mis miedos.

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Ni tuyo ni mio

El final asoma,

la piel resiente la inminente llegada del frio

y la totalidad se hace pequeña

para reponer las lágrimas y el día.

Nada permanece y todo fluye.

Lluvia que nace y escampa, años pasajeros,

trenes, estaciones y destinos.

Cófres llenos, tesoros y extrañas monedas,

rostros ajenos, memorias, fuego y azar.

Tú, encontrada y perdida,

humedad y caricias,

perfume de sexo,

piernas, mordidas y besos.

Amistad, guerra y olvido,

todo ilusión,

ni TUYO ni MIO.

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